¿Se imaginan un Hotel Habbo pasado por LSD? ¿Se imaginan, además, que en vez de tener que hacer el subnormal para cuatro niñatos que se dejan el parné de sus padres en muebles virtuales, siguiendo unas normas absurdas creadas por ellos mismos, se tuviesen que dedicar, obligatoriamente, a robarles los objetos sin su puñetero permiso? Aún a falta de sumergirme con más tiempo en sus infinitas bondades, en un primer contacto Shoshiland es un juego que entra por los ojos, te retuerce y te lleva al más puro éxtasis del surrealismo psiconáutico. Y por psiconáutica no me refiero a la obra de Tim Schafer sino a la clase de psiconáutica que se respira en los Smart Shops holandeses.
La mecánica de juego es simple: roba a los avatares desconectados todo lo que puedas (tanto objetos como energía) o decapitalos. Y procura esconderte bien antes de abandonar la sesión, porque todo lo que hayas conseguido estará en manos de quien se pueda encontrar con tu shoshi en stand-by. Todo ello en un mundo isométrico en el que se bañan en droga alucinógena los ya de por sí absurdos elementos de los clásicos ochenteros de los que toma prestado el formato, como el Head Over Heels. Es algo simple, resultón y efectivo para lo que un juego de estas características pide. Pero si Shoshiland sólo ofreciera su mecánica de juego como aliciente para sumergirse en él, no sería ni la mitad de lo que es. La competitividad y la malicia que desprende, conjugadas con su estética fluorescente, sus desquiciadísimos elementos pasados de rosca -las plantas cuyo tallo es una cabeza de señor calvo son el mejor concepto decorativo que se ha parido desde los tiempos en que el arcade dominaba la tierra-, su música electrónica minimalista o su interfaz en “argentino” son lo más fresco que he podido ver en mucho tiempo. Otros elementos de más peso, como el payaso cabrón que te jode vivo en cuanto te coge por banda, son directamente sublimes. Algun otro blogger lo ha definido como el “Club Pinguino” pasado por “El Almuerzo Desnudo”, y me parece un acierto inmenso comparar Shoshiland con el mundo despiadado, y a la vez surrealista, de la obra cumbre de Borroughs.
Pero al margen de su delicioso apartado artístico, resulta que Soshiland explora como elemento principal de diseño -dejar tu avatar a merced del mundo virtual cuando estás desconectado- algo que pocos MMOG que no sean en formato web aprovechan a día de hoy. Lo que también le da su toque de originalidad en lo que al gameplay se refiere.
Sean bienvenidos a la tierra de los shoshis.






buenisimo el articulo, juego este mundo como un demente hace muchos meses y esta muy bien descripta su atmosfera y su colorido psicoactivo y retro. Jueguenlo, asi tengo mas gente para decapitar ! que bueno q lo relacionen con Borroughs! jajaj, es muy divertido.
shoshiland es un juego realmente genial.
por momentos es como jugar a la escondida, por otros es comoe star en el cine, te podes vestir como quieras, lukiarte como más te guste.
me encanta