Sí, lo se, a estas alturas descubrirles a algunos de ustedes a Paul Robertson sería como hacerle una fiesta de presentación en sociedad a Mario con piñata y sandwiches de nocilla . Pero como tengo esto hecho un desastre, y mi condición de alcoholizado y desorientado chico-de-la-beca-erasmus me impide estar al día de las novedades de la next-gen, la escena independiente o la política francesa, y como también el hombre se merece una entrada dedicada, venga a cuento o no, pues aquí estamos.
Paul Robertson es un artista del pixel, un artesano de la baja resolución que eleva el sprite de mero componente de juego clásico a obra de arte. Cuando se haya enterrado al último crítico de arte de los que sobrevaloran los lienzos de 5 metros por 8 llenos de pegotes de pintura mezclados con tela, y desde los púlpitos de Historia se tenga que mirar atrás viendo dónde se escondió el arte en aquella generación de putos vagos pasados de rosca cuyos cuadros eran indistinguibles de los de niños de 4 años, y sus pedantes críticos asociados, Paul Robertson estará ahí compartiendo el olimpo con media plantilla de SNK. Con la diferencia que el señor Robertson está en un estrato diferente, como digo, por elevar la artesanía del sprite a arte per se, no como mera pieza de un software de 16 bits.

La estética manga, las breves y sencillas animaciones, y la apariencia de continuos bichos absurdos no son especialmente originales, pero pese a que Paul Robertson ciertamente mezcle elementos más que vistos, las surrealistas combinaciones de iconos orientales y elementos occidentales (o viceversa) que se dan cita bajo su pluma cursor, junto con la maestría y el amor, no tanto por la estética gráfica de los beatemups, sino por la acción desenfrenada que desprenden estos, consiguen el punto intermedio exacto que animaciones como estas necesian, entre la partida mítica que no importa ver jugar a alguien y el anime más absurdo y colorido. Buscando evocar la nostalgia de aquellos míticos momentos en las que ser espectador de una partida en alguna máquina pilotada por el más viciado del barrio era un momento mágico, Paul Robertson crea obras de animación sublimes y únicas, que todo aficionado al videojuego clásico debería ver, entender y recomendar. Vayamos, pues, a lo que YouTube tiene que ofrecernos de este artista.
Pirate Babys Canaba Battle Street Fight 2006, su (hasta ahora) obra maestra, una imprescindible animación en la que homenajea de manera concisa y brutal a los eternos y divinos beat’em’up de toda la vida.
Pero gracias a esa tecnología de vanguardia llamada YouTube, con la imprescindible opción de “buscar” (Search en inglés) podemos conseguir unos cuantos videos más de este genuino artista, que, sin llegar a conseguir el éxtasis místico beatemupiano de Pirate Babys, marcan el paso firme detrás suyo, sin perder ni ún ápice del amor vertido en tantas horas de dibujo puntillista digital.
“Hyper Parsnip Bitches” es la obra más parecida a Pirate Babys, aunque sus diálogos y el color ponen su granito de arena en convertir a esta animación en un complemento más que en una beta desechada. Con más ración de manga surrealista y colorido que el anterior, lo cierto es que los personajes y el ambientillo no tienen desperdicio.
Tenemos también un videoclip, Do The Whirlwind de Architecture in Helsinki, bastante majo, en la que uno se puede hartar de encontrar y reconocer personajes y elementos occidentales al más puro estilo oriental (como el dragón blanco de “la Historia Interminable”, cuyo nombre ahora no me acuerdo y no me apetece tampoco googlear), que es una decente reivindicación de lo que se puede llegar a hacer con un gigantesco repertorio de sprites de pocos frames:
Y por último tenemos Devil Eyes, un surrealista corto de animación gore y kawaii bastante surrealista que me ha recordado un poco a Rejected o los happy tree friends.
Y eso es todo por hoy en el canal YouTube. Podeis encontrar su página aquí.





