Todos los que hemos pasado por la Universidad sabemos que hay personajes, que, pese a lo importante de su título, ya sea catedrático, doctor o profesor adjunto, dejan patente en muchísimos casos una falta de sentido común, de prepotencia injustificada o incluso muestras de estar rozando la esquizofrenia. Ya sabemos cómo, por lo menos aquí en España y en la Universidad Pública, es completamente imposible echar a ese tipo de gente de sus puestos, pese a que demuestren completa ineptitud para la docencia o incluso, que dejen patente que el lugar que merecen es el frenopático. Supuestamente también están ahí para investigar, no solo para la docencia, es la excusa razonable que se cuenta para justificar que completos ineptos ocupen permanentemente determinados puestos. Hay gente que investiga, sí, y que investiga como Dios manda. Y aunque sean unos ineptos como docentes, ocupan sus puestos justificadamente.
Pero hay también gente que, sobre todo en ciencias sociales, se dedica a investigar las más absolutas gilipolleces sin ninguna seriedad ni profesionalidad. Se generan documentos, como este que vamos a ver, cuyo único valor es que va firmado por una ristra de profesores universitarios. Puede que a alguien que desconozca el funcionamiento de la Universidad le pueda parecer prestigioso, o al menos serio, el resultado de una investigación que viene firmada por profesores universitarios. Pero no nos engañemos: la sarta de gilipolleces que se dicen en él no deja de ser una sarta de gilipolleces porque venga firmado por profesores de universidad. Sin embargo, en esta sociedad en la que estamos, supuestamente el hecho de que venga firmado por profesores de universidad ya hace serio cualquier documento. Y nada más lejos de la realidad.
El documento en sí consiste en 468 páginas de absolutos rebuznos donde un grupo de supuestos investigadores (pedagogos, psicólogos, trabajadores sociales) se dedican a mostrar su ignorancia en un tema que desconocen completamente (los videojuegos) y a buscar machismo por todas partes.
El problema es que no solo señalan el machismo donde lo hay, que tampoco voy a negar yo que el mundo de los videojuegos sea algo mayoritariamente masculino, que ciertamente lo es. La cuestión es que esta gente encuentra cosas donde no las hay. Donde no lo hay y no se puede sacar ningún tipo de discriminación sexual, a no ser que se tenga una mente enferma, obsesionada patológicamente con el feminismo radical e irracional y se vea el fantasma del machismo en todas y cada una de las cosas que se analizan. Hasta llegar a extremos absurdos como, por ejemplo y para ir empezando, decir que los Lemmings son machistas porque realizan trabajos de hombres:
Estos seres no agreden a nadie, no atacan ni deben defenderse de nadie. Sólo son incansables caminantes… ¡y trabajadores! Pero, al final, si nos detenemos en su análisis nos damos cuenta que reproducen los estereotipos sociales. Los trabajos que se les atribuyen contribuyen a mantener los estereotipos tradicionales achacados a los hombres y a las mujeres. Así se habla de excavadores, albañiles, paracaidistas, escaladores, y todos y todas los asociamos a papeles masculinos.
En este sentido, aunque la pretensión de los diseñadores posiblemente haya sido una cierta “asexualidad” en las tareas que han de desarrollar los personajes de este videojuego, no consiguen eludir el inconsciente colectivo. Y los trabajos que se proponen son fundamentalmente atribuidos al mundo masculino. Se obvian trabajos como cuidar, atender, limpiar, administrar, etc., como labores para el desarrollo de este juego.
La diferencia sexual en el análisis de los videojuegos. En este sentido es el prototipo de algunos videojuegos de este tipo que no tienen un planteamiento base de agresión y conquista, sino que el objetivo es “inocuo” o no violento. Pero que reproducen implícitamente estereotipos sexistas que no ayudan en la lucha por una sociedad en igualdad de derechos para mujeres y hombres.
Más incoherencias absolutas vienen dadas por la imposibilidad de establecer modelos de protagonistas de género femenino acordes a su concepto del feminismo, estableciendo un círculo vicioso de “hay machismo en todas partes” que raya la esquizofrenia. Si el protagonista es de género masculino: es machismo porque es hombre. Si el protagonista es de género femenino: es machismo porque tiene las tetas gordas y son para que los hombres se recreen. Si personajes femeninos hacen cosas de hombres es machismo porque se da una visión andrógina e irreal de la mujer. Y si las mujeres no hacen cosas de hombres es machismo porque se las margina y discrimina. Lo de esta gente es de frenopático. Cualquier cosa es machista. Cualquier cosa menos el Tetris, el único juego al que no le han podido sacar absolutamente nada. Y es de extrañar, porque con la misma coherencia que han escrito el resto del libro, podrían haber dicho perfectamente que las fichas alargadas del Tetris son simbolos fálicos y que el hecho de que solo sea posible obtener el máximo número de líneas con una ficha que recuerda al miembro de un hombre es machista. No lo han dicho, no, pero no hubiese desentonado. Así es de ridículo la mayor parte del libro.
Ni siquiera un juego de fútbol como es el PRO EVOLUTION SOCCER se libra de sus manías persecutorias. Hay veces que parece que estamos ante un libro de humor malo, pero lo triste es que pretende ser serio. Y que mucha gente se lo tomará en serio. Lean:
No existe, en todo el juego, ni un solo dato que muestre la existencia de mujeres en este tipo de juegos, aunque conocemos que en la vida real, hay ya un cierto porcentaje de equipos femeninos, así como de aficionadas
…
No es un videojuego que atraiga a las mujeres. De hecho no ha sido elegido por ninguna como videojuego preferido, tanto entre las entrevistadas, como las observadas o las que han contestado a los cuestionarios. Este videojuego exalta el modelo masculino, distante y diferente no sólo de las mujeres, sino de lo femenino. Las cuotas de rudeza, competitividad y agresión configuran ese mundo masculino,
ese ambiente “privado” y propio de una cultura “macho”.
¿Como a muchas mujeres no les gusta el fútbol se deduce que los juegos de fútbol son machistas? ¿Acaso la rudeza, competitividad y agresión de ese mundo masculino no se dan en las competiciones de fútbol femeninas que reclama al principio del párrafo? El deporte es deporte. La competitividad es inherente a el. ¿Es mala la competitividad como valor? Pues oiga, yo que sé, pero el deporte trata esencialmente de eso. Sacar una valoración moral más alla de ahí es una actitud enferma y obsesiva. Pero, una vez más, la falta de propuestas y la crítica gratuita e irracional hace que florezcan las incoherencias entre un párrafo y su siguiente, cosa bastante habitual en este aterrador documento. Si el fútbol femenino estuviera más extendido, seguramente en el PRO saldrían equipos femeninos, al igual que en los juegos de tenis sí salen jugadoras femeninas. Que en el PRO no haya tías es consecuencia de que en la tele tampoco se informe de las ligas de futbol femeninas, ni en la prensa, ni en ningún lado, lo cual es completamente ajeno a los videojuegos. Y ya está. Quererle buscar los tres pies al gato con esto es rozar la locura.
Teniendo en cuenta que parten de la base errónea y demagógica, como viene siendo habitual, de que los videojuegos son todos para niños, ignorando completamente el hecho de que, al igual que las películas, hay juegos para mayores de 18 años. Teniendo en cuenta que los planteamientos que exponen desvirtuan hasta lo kafkiano la naturaleza de los videojuegos (y se llaman videojuegos y no videojuguetes) como forma de entretenimiento que son. Teniendo en cuenta que citan varias veces a prestigiosos documentos como la Game Live PC o la Hobby Consolas (no se puede ser más palurdo), además dejando en evidencia que en muchos casos son las referencias que toman, en lugar de los propios juegos, como si de un libro serio se tratase . ¿Cómo se puede analizar nada en una review de una revista cutre en lugar de jugando al juego? ¿Pero cómo se puede ser tan gañán? . Y teniendo en cuenta, en definitiva, que estas cosas se pagan con nuestros impuestos y que se toman en serio cuando son una colección de rebuznos de una gente que no solo no domina el tema del que quiere hablar, sino que lo desconoce por completo, no me queda otra opción que decir alto y claro:
DEJEN DE PAGAR A LA GENTE POR ESCRIBIR REBUZNOS CON EL DINERO DE TODOS.
Si pretenden solucionar problemas de verdad como la violencia de género o la discriminación de la mujer a base de escribir paranoias y rebuznos, vamos listos. Pero claro, el Instituto de la Mujer lo que hace es esta clase de documentos nada serios y llenos de incoherencias; al igual que el Ministerio de la Vivienda lo que hace es sacar las Kellifinder. No parece que esta clase de instituciones estén para alcanzar ningún objetivo, sino para autojustificar su propia existencia con documentos y propuestas que dan vergüenza ajena mientras que chupan del bote. Y me duele dar la razón a los liberales, pero que esta clase de cosas se paguen con dinero público es demencial.
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