INICIO | ARCHIVO| ARTICULOS DESTACADOS |
Categories: Creadores, Crítica, Hacking y Emulación, Juegos Independientes, Opinión, Prensa

Todo gira alrededor de Braid. Si cuando dije en el artículo de HardCode (el suplemento de Mondo Pixel) que Jonathan Blow podía abrir una brecha gorda en este mundillo, tiranizado ya por los acorbatados, es porque realmente era el único que podía hacerlo.

Por un lado, está una entrevista al genio en cuestión en la que vuelve a contarnos, esta vez con más detalle, que el único camino posible es hacer lo que te salga de los cojones, sin compromisos, y sin pensar en el mercado. Y repite el concepto básico del asunto, que ya me dijo en su día cuando lo entrevisté la primera vez para Anait: lo bueno de ser independiente es que no tienes ataduras. Que es ridículo hacer clones de Zuma (o de Geometry Wars, o de la enésima fórmula triunfante en el mercado de las descargas) cuando puedes hacer OTRA COSA sin que nadie te diga qué ni cómo.

Y por otro lado está este interesante artículo de, cómo no, Rock, Paper, Shotgun reclamando gafapastismo ilustrado para la crítica de videojuegos, esta vez haciendo la analogía no con el cine, sino con la música. Que a ver si un día las listas de superventas y las de los juegos más valorados están a años luz (bueno, Nintendo se está encargando de eso, pero los tiros van más por cómo iba hace nada, por los GTAIV y los MGS4). Si bien las comparaciones con el cine ya aburren a cualquiera, la comparación con la música para la cuestión concreta de la crítica me ha parecido bastante acertada. No he podido evitar acordarme del bueno de Omar y el MGS4 y cómo se pusieron los foreros subnormales de Vandal por no ponerle un 10 y decir algunas verdades como puños, y se me ha venido a la cabeza una horda de fans histéricas de los Backstreet Boys.

¿La relación entre una cosa y la otra, dirán los más despistados? Pues…TODO. El día en el que los desarrollos más arriesgados sean valorados como deben, al margen de hypes y marketing, vendrá todo rodado. De momento el crítico con criterio y el desarollador indie son como dos adolescentes tímidos que se miran con deseo pero no se atreven a decirse nada. Gracias a Braid, se han empezado a echar miraditas picantonas. Y llegará un día, tarde o temprano, en el follarán salvajemente. Y habrá gran regocijo. Por mucho que les pese a los graciosetes de la clase y a los curas del Opus Dei.

Tags:
Categories: Opinión

Finalmente me he pillado la 360. La verdad es que me ha salido una ganga, me la ha vendido un familiar muy barata y con muchos jueguicos. Algunos de ellos infumables, como el de Superman, una puñetera demo técnica injugable. Otros que ni he tocado ni lo haré, como el maravilloso juego de golf de Tiger Woods. Pero han venido con el pack bastantes must-have, como Dead Rising, Gears of War y Crackdown. Aparte del puñetero PRO. Si a eso le sumamos que Microsoft ha tirado la casa por la ventana y me llovió también un Halo 3 el día que nos emborrachamos en el Palacio de los Deportes, pues al final lo único que me queda para completar la estantería de must-have es Bioshock. Justo el título que me puso los dientes tan largos como para decidir la compra definitiva de la consola. Y que de momento, con tanto juegazo en la estantería al que meter mano, como que se me ha pasado un poquirritín el ansia de abalanzarme sobre el título de 2K. Qué ironía.

Lo primero a lo que me estoy viciando a base de bien es a Dead Rising. Y sinceramente, estoy hasta las narices y encantado a partes iguales. Si ya el juego de por sí da un por culo tremendo gracias a las ínfimas posibilidades de salvar la partida, sumenle el hecho de que tengo el disco rayado y a veces me manda a la mierda, usease, a limpiar el disco y reiniciar. Cuando probé la demo en casa ajena, hace ya eones, me enamoró como pocas juegos habían hecho. Y es un juego que me sigue fascinando, me he tirado de cabeza a por él teniendo muchos otros esenciales que practicamente ni he tocado. El detalle del salvado es molesto, un error de diseño garrafal que hace que un juego casi perfecto se convierta en una porculada desesperante. Pero es que ya lo del rayajo en el DVD hace que se doble la desesperación. Y lo peor de todo es que uno se pica, y sigue erre que erre.

Voy a darle otra capa de pasta de dientes al DVD a ver si quito de una puñetera vez. Porque sí, el truco de la pasta de dientes funciona. Cualquier material abrasivo quita los rayajos, unos mejor que otros, pero si se hace bien, funciona. No hagan caso de comentarios por otros lados, si alguna gente no le ha funcionado un truquillo tan cutre y obvio, es porque no pulen bien o no tienen la suficiente paciencia. Yo de momento voy abriendo partes del juego que antes me hacían reiniciar. Cada avance en el juego, culminando siempre en un reinicio forzado, se complementaba con un paso más allá en la limpieza del DVD. Desesperar, desespera. Poner de mala hostia, pone un rato. Pero es que es taaaan divertido matar zombies con una segadora de césped o ponerles cabezones de muñeco de LEGO para hacerles fotos, que al final a uno se la soplan estas cosas y hace lo que puede por seguir con la masacre. Aunque sea repitiendo cuatro veces las dos primeras horas de juego. Ahora me toca llegar hasta los puñeteros psicópatas del todoterreno, primero frotando bien con algodón y profidén. Luego ya, como todo el mundo.

Tags:
Categories: Opinión

No funciona Bioshock en mi PC. Me he leido las especificaciones de la demo, y me quedo sin invitación a la fiesta. La razón: vertex shaders 3.0. Oh, se siente, solo tienes 2.0, ven cuando crezcas. Grrrrrr.

Llevo hasta hoy pasando olímpicamente del graphicwhorismo, de la next-gen y de la madre del cordero. Tengo tantos juegos de los últimos tres o cuatro años a los que todavía no he jugado, que siempre me la han sudado bastante los videos del Crysis y esa clase de cosas con las que te inducen ideas consumistas perversas e irracionales. Porque no me parece razonable, teniendo un pepino de ordenador, pagar más de 100 euros por una tarjeta gráfica (cuando no un PC enterito a la última) para jugar a un sólo título sabiendo que al año ese hardware va a estar por un precio irrisorio. Porque, por mucho que tenga 3 años, mi ordenador es un pepino, hablando en términos de ingeniero informático y no como hardcore graphicwhore consumista que caga pasta. En cuanto a lo que actualizar PCs se refiere, pienso que la tecnología siempre hay que comprarla obsoleta. Estar a la última en hardware de PC es pagar por pagar. Y yo no cago dinero, no se ustedes. Toda la carrera aprendiendo que hay que hacer código eficiente para que luego vengan los putos FPS de última generación a pasárselo por el forro, gracias a una carrera de hardware completamente irracional.

La cuestión es que, entre que he vivido fuera este año y he estado un año sin jugar como suelo hacer, y que el tiempo libre de uno escaseaba más que cuando era adolescente, nunca he tenido el tiempo suficiente para jugar a todo lo que merece la pena y se me acumula en la estantería. Y es que, además, he jugado al HL2 con todo lujo de detalles y sin problemas con mi ordenador de hace 2 años y medio, y sigo pudiendo jugar a buena parte de las novedades que me interesan en mi PC. Hasta ahora. Hasta Bioshock. Y por primera vez, me jode de sobremanera.

Estoy hecho un lío y muy cabreado a la vez. Mi primer impulso ha sido pensar en gastarme el dineral en una tarjeta de video GeForce7600 de 140€ para el AGP 8x de mi Athlon 64, más otro GB de RAM. Ninguna de las dos piezas las voy a poder reciclar en el futuro, y encima para que, pese a todo, el Bioshock funcione malamente y capado. ¿Por qué cojones en un año se pasa toda la tecnología a PCI-Express y no hay manera de encontrar una AGP decente y barata? Se aprovechan de que son las últimas tarjetas AGP y no les bajan los precios pese a que son de la generación anterior y la tarjeta equivalente en versión PCI-E vale la tercera parte. Es acojonante: si tuviese un puerto PCI-E podría comprarme un pepino de tarjeta por lo que me cuesta la única tarjeta que me sirve en mi puerto AGP, o bien una PCI-E barata que me sirviese, que es lo que haría. ¿Por qué esta maldita carrera de hardware? Puede que sea el momento de mandar el PC a tomar por el culo y pasarme a la next-gen de consolas.

La pregunta que me atormenta es ¿debería comprarme YA una 360? Motivos a favor hay unos cuantos, y más de peso que Crackdown, Halo 3, Dead Rising y el Bioshock juntos no voy a encontrar en la Wii o en la PS3. Pero por otro lado está lo de las tres luces rojas, sabiendo que va a llegar en algun momento el relevo de procesadores para solventar el problema, y que además lo que realmente me la pone tiesa tiesa de todo lo que he visto anunciado para la next gen es el Little Big Planet de PS3…que realmente no se para donde tirar. He estado huyendo de esta cuestión porque estaba en el extranjero, pero ha sido llegar a Madrid y encontrarme con que mi ordenador ya ni me sirve para esperar mientras se abaratan las consolas next-gen.

Menos mal que mi PC va a poder mover sin problema la bendita Orange Box de HL2, con el apetitoso Portal. Menos mal que viene el Zelda: Phantom Hourglass el mes que viene para desempolvar la DS. Aguantaré hasta Navidades, qué duda cabe. Pero no saben lo mucho que me jode no poder catar ni la demo del bendito Bioshock hasta dentro de, por lo menos, unos meses. Se me pasará la pataleta, sí. Pero por primera vez en mucho tiempo, no tengo PC para jugar a algo que quiero desesperadamente. La actualizacón del cacharro sale igual que un viaje al extranjero, y uno ama los videojuegos, pero no es gilipollas. En fin. A ver si me pongo a currar en Octubre y tengo dinero para otro PC. O a ver si llegan las 360 sin tecnología de luces rojas prontito, antes de Navidad.

Tags:
Categories: Opinión
Manhunt 2

Los videojuegos son un medio de expresión. No es un medio como el lenguaje escrito ni es un medio como el lenguaje audiovisual, pero es, como éstos, un medio de comunicación. Y como tal debería ser amparado completamente por la libertad de expresión. Videojuegos como Ico, Rez, Katamari, Okami, incluso el Super Mario Bros, son perfectamente considerables como obras de arte, y de hecho los franceses ya lo hacen. El Gran Turismo o el Flight Simulator, sin embargo, no son arte: son simuladores que intentan acercarse lo máximo a la realidad. Puzzles como el tetris, videojuegos de ajedrez o de Risk tampoco son arte, son juegos en estado puro. Los videojuegos son un medio que sirve para muchos propósitos, y la expresión y experimentación artística es una de ellas. Otras pueden ser la simulación, la educación o el entrenamiento mental. Las posibilidades de este medio son casi infinitas, y muchas de las posibilidades, muchos géneros, están relacionadas con la comunicación o con la expresión artística, y otros con historias o contextos basados en el mundo real o en mundos de ficción. Algunos contextos o historias que forman parte de ciertos géneros de videojuegos se basan en el humor y otros en la violencia o el sexo.

El cine se considera ya oficialmente un arte, denominación que en los videojuegos todavía se debate. Pero con el cine pasa exactamente lo mismo: las películas de autor son claramente arte, mientras que una película de Disney, American Pie 17 o Pesadilla en Elm Street 14 no son arte: son meros productos de entretenimiento, como lo son la mayoría de los videojuegos. Las películas de Michael Moore son documentales: tampoco son arte aunquen esté en formato de largometrajes. La literatura se considera también arte por lo general, pero El Codigo Da Vinci o novelas peores entran dudosamente en esa categoría, y por supuesto libros de texto, ensayos o artículos utilizan el mismo medio que la literatura (el lenguaje escrito) sin ser considerado arte. La cuestión no es qué es arte y qué no, porque es un debate abierto desde hace siglos y que se trae al tintero cada vez que nace un nuevo medio. La cuestión fundamental es por qué ha de haber censura en los videojuegos, si no la hay en otros medios que, siendo arte o no, publicándose obras de autor o productos de entretenimiento, son amparados por el derecho a la libertad de expresión sin ningún tipo de peros.

Buena parte de los videojuegos tienen en común con literatura y cine una serie de características o elementos comunes: una historia, unos personajes, una ambientación, una temática. Y esta temática puede contener violencia o sexo. Sin embargo los videojuegos, a diferencia del cine o la literatura, cuando tienen una temática violenta o sexual, se ponen en el punto de mira legal, llegándose a prohibir en países democráticos como Alemania. Un amante del gore verá en la película “Braindead” de Peter Jackson una obra de arte. Un amante del suspense podrá disfrutar con libros de psicópatas con mucha sangre y violencia. De igual modo, una persona puede perfectamente disfrutar también con videojuegos violentos como el Manhunt 2, que tanto debate está dando hoy en día, sin que esa persona sea un psicópata en potencia. ¿Es más real un videojuego que una película? Sí, del mismo modo que una película es más real que un libro. Pero la cuestión es que es ficción. Ficción interactiva, pero ficción. Y la violencia en la ficción cinematográfica es algo perfectamente legal: las películas gore son legales. Los libros de psicópatas con todo lujo de detalles también son legales. Con el sexo pasa tres cuartos de lo mismo: el porno es legal. Los relatos eróticos son legales. Que esas temáticas se den en los videojuegos en vez de en otros medios, y que por haber interactividad tengamos un grado más de realismo, sin salir nunca de la ficción, no debería cambiar en absoluto el derecho a la libertad de expresión. Los límites en la libertad de expresión deberían ser los mismos en todos los medios: por ejemplo, la pornografía infantil es ilegal en la industria pornográfica, entonces también en los videojuegos debe serlo. Pero si el sexo explícito o la violencia extrema, o el tener protagonistas psicópatas es válido en otros medios, debería serlo igualmente en los videojuegos.

La única manera de acabar con tanta demagogia en torno a los videojuegos es poner un límite serio. Y el límite, evidentemente, no se debe poner en los videojuegos, sino al acceso a los mismos. Si no queremos que los niños accedan a los videojuegos violentos o con contenido sexual, que la ley prohiba a los niños comprar juegos que no pueden jugar. Y que los periodistas sensacionalistas o las feministas radicales se ahorren la censura como solución, porque es algo que está fuera de lugar en un Estado de Derecho. Yo quiero que las distribuidoras me traten como a un adulto, y al parecer, eso no basta con la regulación PEGI. Que no vale para nada, que no es tajante, que es orientativa. Y este artículo trata esencialmente de eso, de decirlo abiertamente: la regulación PEGI no basta, es parte del problema. No basta porque aunque existe desde hace años, se sigue debatiendo el asunto como si no estuviese ahí. No basta porque la industria se sigue autocensurando en los momentos críticos. Y, sobre todo, no basta porque una práctica común es que los niños se compren la Hobby Consolas, y vean que juegos violentos como el GTA tienen una puntuación de 98% y entonces lo quieren y lo piden y lo desean, y los padres empanados se lo acaban comprando sin tener ni la más mínima idea de qué va el juego. No nos engañemos, eso pasa. Y eso es precisamente la única pizca de razón que tienen los detractores al reclamar la censura en los videojuegos. Pues bien: extirpémosla. Quitémosle esa pizca de razón a los ignorantes que creen que los videojuegos son para niños, dejémosnos de PEGIs orientativos y que se exija la mayoría de edad para jugar a los juegos para adultos.

La demagogia de los Jack Thompsons y Matias Prats en torno a la violencia de los juegos, y las gentes ignorantes que les creen, se basan en el prejuicio de que los juegos son para niños. Las estadísticas, sin embargo, dicen que el jugador medio es más que adulto, y el mercado de juegos adultos es el mayoritario. Y esto no es nada nuevo. Ahora bien, si poner un 18 en la caja no les parece suficiente a estos señores censuradores, que se pongan leyes para que la mayoría de edad sea obligatoria y no orientativa. La censura, desde luego, sea desde arriba o desde dentro de la industria por miedo, no es la solución a nada: la violencia del mundo real no deja de existir porque se prohiban los videojuegos violentos. Si no se quiere que los menores beban, se pide el carnet para comprar alcohol. Si no quieren que los menores conduzcan, se pone límite de edad para conducir. Si no quieren que los niños compren porno, piden carnet en los sex-shops. Si no quieren que los niños compren tabaco, se ponen hasta mecanismos en las máquinas de los bares. Ni se prohibe el alcohol, ni se prohiben los coches, ni se prohibe el porno, ni se prohibe el tabaco. Pues es evidente: si no quieren que los niños compren juegos violentos, que se les impida hacerlo. Que los padres, cuando van a comprar un juego para su niño, que sepan que es para adultos porque se lo dice claramente la sección de la tienda en la que está situado, no un pequeño 18 en la portada que lo mismo ni ve. Que las revistas de videojuegos para niños dejen de promocionar juegos para adultos.

Nosotros , los consumidores adultos, tenemos derecho a que se nos trate como adultos también desde la industria del videojuego, tal y como se nos trata como adultos desde la literatura o desde el cine. La censura en el cine o en la literatura es algo propio de las dictaduras, no de los Estados de Derecho. Los jugadores de videojuegos llevamos mucho tiempo aguantando siempre lo mismo. Queremos que haya juegos violentos y viscerales como las películas gore. Queremos sexo en los juegos. Queremos juegos que traten las drogas sin tapujos ni moralinas, como en películas como “Miedo y asco en las vegas” o en los libros de Borroughs. Luego nosotros elegiremos libremente si queremos ser un fontanero saltimbanqui, un teletubbie o un psicópata cuando vayamos a elegir a qué jugamos. Somos adultos. Queremos libertad de expresión para un medio que hoy en día está castrado, en buena parte por culpa de unos prejuicios que son completamente absurdos y alejados de la realidad social de la industria. La censura en los videojuegos es igual que la censura en otros medios: es contraria a la libertad de expresión. Y por tanto no debería existir en los medios de comunicación y en los diarios ningún alarmismo estúpido, porque ese debate, si se hiciese en torno al cine o la literatura, se estaría cuestionando la libertad de expresión misma. Evidencia científica para afirmar que los videojuegos violentos vuelven violentos a la gente tampoco hay, sino más bien lo contrario. Que la prensa generalista se dedique de una vez a informar, no a la demagogia ni al sensacionalismo. Porque esa demagogia y ese sensacionalismo están poniendo en tela de juicio la libertad de expresión, aunque sea, en muchos casos, por ignorancia absoluta y no intencionadamente.

Por otro lado, la prensa especializada debería dejar de contribuir al problema y diversificarse. Es como cuando la Hobby Consolas decidió no puntuar el Canis Canem Edit. Sin embargo sí que ponían la publicidad del juego, porque eso ingresa pasta. Sin embargo, los GTAs o el Carmaggedon 64 en su día, como infinidad de juegos con un PEGI 18, sí los puntuaron y los puntuan mes a mes. Si una revista de videojuegos está pensada para los niños, que actúe coherentemente y se dedique a informar de juegos para niños. No quiero que, al igual que algunas distribuidoras, se baje los pantalones y contribuya al problema autocensurandose, quiero que los juegos para niños y los juegos de adultos se diferencien claramente. Qué mejor lugar para hacerlo que la prensa especializada . Sobre todo ahora que, por fin, tenemos revistas orientadas al público adulto, como la EDGE o la Xtreme de Tones. La Hobby Consolas es una revista para niños, comprada por niños, con un lenguaje para niños y con una filosofía editorial orientada a los niños. Y lo demostró con creces cuando decidió no puntuar el CCE, porque la rocambolesca excusa que pusieron lo dejaba bien clarito: aunque hablasen eufemísticamente de “los jugadores” o “todo el mundo”, es obvio que se refieren a sus lectores, y entendiéndolo así la editorial se vuelve infinitamente coherente. Si ellos mismos son conscientes de que su público es infantil y boicotean al videojuego adulto, que lo hagan con todas sus consecuencias y con todos los títulos adultos. Que dejen de comentar títulos para mayores de 18 años con lenguaje chachipiruli consolega, puesto que sus lectores no deben jugar a esos juegos, no tienen la edad apropiada. Obviamente, que haya personas con más de 18 años que sean capaces de gastar su dinero en la Hobby Consolas sin sentir su inteligencia ofendida, debería considerarse irrelevante.

Por un lado, la industria, con la única excepción de Rockstar, se acojona y se autocensura. Por el otro, los Jack Thompsons y los Matias Prats del planeta seguirán así indefinidamente, mientras puedan estirar el tema de los videojuegos para rellenar sus informativos. Hemos visto como la mierda demagógica en los medios de comunicación es la misma desde tiempos del Mortal Kombat, sin que la industria o la legislación se muevan lo más mínimo. Está sólo en nuestras manos, como jugadores adultos, el acabar tajantemente con la demagogia. El PEGI es algo caduco. Y son los redactores de revistas con publirreportajes para niños, al igual que los imbéciles que ponen juegos de PEGI 18 en los catálogos navideños de juguetes de El Corte Inglés, los principales responsables de que el PEGI no sea más que una chorrada y de que los medios sigan dando el coñazo con la idea de que el videojuego es para niños. Si hay que pasar por encima de sus ingresos publicitarios, se ha de pasar. Si la industria tiene que renunciar para siempre a colar juegos para adultos a los niños, que lo haga: el mercado que pierde es ínfimo. Si el Corte Inglés tiene que sacar los videojuegos de las plantas de juguetes, que lo haga. La realidad es que los jugadores adultos son la inmensa mayoría. Lo que desde luego no se debe hacer es, como hasta ahora, hablar en los medios de censurar los videojuegos, o autocensurar el videojuego desde la propia industria. Reclamemos la libertad de expresión en los videojuegos de una manera seria. Reclamemos nuestro derecho a ser tratados como consumidores adultos.

Tags:
Categories: Opinión

Todos los que hemos pasado por la Universidad sabemos que hay personajes, que, pese a lo importante de su título, ya sea catedrático, doctor o profesor adjunto, dejan patente en muchísimos casos una falta de sentido común, de prepotencia injustificada o incluso muestras de estar rozando la esquizofrenia. Ya sabemos cómo, por lo menos aquí en España y en la Universidad Pública, es completamente imposible echar a ese tipo de gente de sus puestos, pese a que demuestren completa ineptitud para la docencia o incluso, que dejen patente que el lugar que merecen es el frenopático. Supuestamente también están ahí para investigar, no solo para la docencia, es la excusa razonable que se cuenta para justificar que completos ineptos ocupen permanentemente determinados puestos. Hay gente que investiga, sí, y que investiga como Dios manda. Y aunque sean unos ineptos como docentes, ocupan sus puestos justificadamente.

Pero hay también gente que, sobre todo en ciencias sociales, se dedica a investigar las más absolutas gilipolleces sin ninguna seriedad ni profesionalidad. Se generan documentos, como este que vamos a ver, cuyo único valor es que va firmado por una ristra de profesores universitarios. Puede que a alguien que desconozca el funcionamiento de la Universidad le pueda parecer prestigioso, o al menos serio, el resultado de una investigación que viene firmada por profesores universitarios. Pero no nos engañemos: la sarta de gilipolleces que se dicen en él no deja de ser una sarta de gilipolleces porque venga firmado por profesores de universidad. Sin embargo, en esta sociedad en la que estamos, supuestamente el hecho de que venga firmado por profesores de universidad ya hace serio cualquier documento. Y nada más lejos de la realidad.

El documento en sí consiste en 468 páginas de absolutos rebuznos donde un grupo de supuestos investigadores (pedagogos, psicólogos, trabajadores sociales) se dedican a mostrar su ignorancia en un tema que desconocen completamente (los videojuegos) y a buscar machismo por todas partes.

El problema es que no solo señalan el machismo donde lo hay, que tampoco voy a negar yo que el mundo de los videojuegos sea algo mayoritariamente masculino, que ciertamente lo es. La cuestión es que esta gente encuentra cosas donde no las hay. Donde no lo hay y no se puede sacar ningún tipo de discriminación sexual, a no ser que se tenga una mente enferma, obsesionada patológicamente con el feminismo radical e irracional y se vea el fantasma del machismo en todas y cada una de las cosas que se analizan. Hasta llegar a extremos absurdos como, por ejemplo y para ir empezando, decir que los Lemmings son machistas porque realizan trabajos de hombres:

Estos seres no agreden a nadie, no atacan ni deben defenderse de nadie. Sólo son incansables caminantes… ¡y trabajadores! Pero, al final, si nos detenemos en su análisis nos damos cuenta que reproducen los estereotipos sociales. Los trabajos que se les atribuyen contribuyen a mantener los estereotipos tradicionales achacados a los hombres y a las mujeres. Así se habla de excavadores, albañiles, paracaidistas, escaladores, y todos y todas los asociamos a papeles masculinos.

En este sentido, aunque la pretensión de los diseñadores posiblemente haya sido una cierta “asexualidad” en las tareas que han de desarrollar los personajes de este videojuego, no consiguen eludir el inconsciente colectivo. Y los trabajos que se proponen son fundamentalmente atribuidos al mundo masculino. Se obvian trabajos como cuidar, atender, limpiar, administrar, etc., como labores para el desarrollo de este juego.

La diferencia sexual en el análisis de los videojuegos. En este sentido es el prototipo de algunos videojuegos de este tipo que no tienen un planteamiento base de agresión y conquista, sino que el objetivo es “inocuo” o no violento. Pero que reproducen implícitamente estereotipos sexistas que no ayudan en la lucha por una sociedad en igualdad de derechos para mujeres y hombres.

Más incoherencias absolutas vienen dadas por la imposibilidad de establecer modelos de protagonistas de género femenino acordes a su concepto del feminismo, estableciendo un círculo vicioso de “hay machismo en todas partes” que raya la esquizofrenia. Si el protagonista es de género masculino: es machismo porque es hombre. Si el protagonista es de género femenino: es machismo porque tiene las tetas gordas y son para que los hombres se recreen. Si personajes femeninos hacen cosas de hombres es machismo porque se da una visión andrógina e irreal de la mujer. Y si las mujeres no hacen cosas de hombres es machismo porque se las margina y discrimina. Lo de esta gente es de frenopático. Cualquier cosa es machista. Cualquier cosa menos el Tetris, el único juego al que no le han podido sacar absolutamente nada. Y es de extrañar, porque con la misma coherencia que han escrito el resto del libro, podrían haber dicho perfectamente que las fichas alargadas del Tetris son simbolos fálicos y que el hecho de que solo sea posible obtener el máximo número de líneas con una ficha que recuerda al miembro de un hombre es machista. No lo han dicho, no, pero no hubiese desentonado. Así es de ridículo la mayor parte del libro.

Ni siquiera un juego de fútbol como es el PRO EVOLUTION SOCCER se libra de sus manías persecutorias. Hay veces que parece que estamos ante un libro de humor malo, pero lo triste es que pretende ser serio. Y que mucha gente se lo tomará en serio. Lean:

No existe, en todo el juego, ni un solo dato que muestre la existencia de mujeres en este tipo de juegos, aunque conocemos que en la vida real, hay ya un cierto porcentaje de equipos femeninos, así como de aficionadas

No es un videojuego que atraiga a las mujeres. De hecho no ha sido elegido por ninguna como videojuego preferido, tanto entre las entrevistadas, como las observadas o las que han contestado a los cuestionarios. Este videojuego exalta el modelo masculino, distante y diferente no sólo de las mujeres, sino de lo femenino. Las cuotas de rudeza, competitividad y agresión configuran ese mundo masculino,
ese ambiente “privado” y propio de una cultura “macho”.

¿Como a muchas mujeres no les gusta el fútbol se deduce que los juegos de fútbol son machistas? ¿Acaso la rudeza, competitividad y agresión de ese mundo masculino no se dan en las competiciones de fútbol femeninas que reclama al principio del párrafo? El deporte es deporte. La competitividad es inherente a el. ¿Es mala la competitividad como valor? Pues oiga, yo que sé, pero el deporte trata esencialmente de eso. Sacar una valoración moral más alla de ahí es una actitud enferma y obsesiva. Pero, una vez más, la falta de propuestas y la crítica gratuita e irracional hace que florezcan las incoherencias entre un párrafo y su siguiente, cosa bastante habitual en este aterrador documento. Si el fútbol femenino estuviera más extendido, seguramente en el PRO saldrían equipos femeninos, al igual que en los juegos de tenis sí salen jugadoras femeninas. Que en el PRO no haya tías es consecuencia de que en la tele tampoco se informe de las ligas de futbol femeninas, ni en la prensa, ni en ningún lado, lo cual es completamente ajeno a los videojuegos. Y ya está. Quererle buscar los tres pies al gato con esto es rozar la locura.

Teniendo en cuenta que parten de la base errónea y demagógica, como viene siendo habitual, de que los videojuegos son todos para niños, ignorando completamente el hecho de que, al igual que las películas, hay juegos para mayores de 18 años. Teniendo en cuenta que los planteamientos que exponen desvirtuan hasta lo kafkiano la naturaleza de los videojuegos (y se llaman videojuegos y no videojuguetes) como forma de entretenimiento que son. Teniendo en cuenta que citan varias veces a prestigiosos documentos como la Game Live PC o la Hobby Consolas (no se puede ser más palurdo), además dejando en evidencia que en muchos casos son las referencias que toman, en lugar de los propios juegos, como si de un libro serio se tratase . ¿Cómo se puede analizar nada en una review de una revista cutre en lugar de jugando al juego? ¿Pero cómo se puede ser tan gañán? . Y teniendo en cuenta, en definitiva, que estas cosas se pagan con nuestros impuestos y que se toman en serio cuando son una colección de rebuznos de una gente que no solo no domina el tema del que quiere hablar, sino que lo desconoce por completo, no me queda otra opción que decir alto y claro:

DEJEN DE PAGAR A LA GENTE POR ESCRIBIR REBUZNOS CON EL DINERO DE TODOS.

Si pretenden solucionar problemas de verdad como la violencia de género o la discriminación de la mujer a base de escribir paranoias y rebuznos, vamos listos. Pero claro, el Instituto de la Mujer lo que hace es esta clase de documentos nada serios y llenos de incoherencias; al igual que el Ministerio de la Vivienda lo que hace es sacar las Kellifinder. No parece que esta clase de instituciones estén para alcanzar ningún objetivo, sino para autojustificar su propia existencia con documentos y propuestas que dan vergüenza ajena mientras que chupan del bote. Y me duele dar la razón a los liberales, pero que esta clase de cosas se paguen con dinero público es demencial.

Puedes leer otra versión más contextualizada de este mismo artículo en zemos98.

Tags: